«La sonata a Kreutzer» de Lev N. Tolstoi, es una novela que leo todos los veranos y alguna vez en el tren. No sé cuántas veces la he leído, pero la habré leído como una docena de veces. Tengo libros y autores a los que vuelvo por temporadas.
Esta obra donde la música actúa como cuchillo del asesino, siempre me ha impresionado. Tengo que reconocerlo.
Me gusta la intensidad y la brevedad de esta novela. Siempre he aspirado a la grandeza de lo simple.


Pózdnyshev, el protagonista de este intenso relato, explica a un compañero de viaje las razones que lo impulsaron a matar a su mujer. Es brutal. Ese alegato contra las mujeres, me parece que es sacado de algún metro en el 2020. El machismo repite y se repite.


He leído varías traducciones de esta novela. La primera vez que la leí tendría 17 años y pasé de largo muchos detalles que hoy me maravillan. Es bueno leer con más años los clásicos.
El libro que llevaba hoy, lo compré por menos de 1€, en un mercadillo. Ese día salí contenta con mi compra «con mi pequeño tesoro ruso». Una joya narrativa de diálogos poderosos. El tacto de este viejo libro, me gustaba, pude subrayar y hacer anotaciones en el libro. En fin. Estaba encantada.
Hoy me pasó algo que me amargó la lectura de la tarde. Un crimen. 😱 El bronceador me manchó el libro. 😱😱 Ha sido un horrible crimen. 😱😱😱 Y no dejé de sentirme culpable con Tolstoi.
Los libros son como compañeros de viaje. Este accidente con mi libro me hizo sentir triste, pero también me recordó las de veces que Tolstoi me ha acompañado con La Sonata a Kreutzer.

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